
La cirugía de masculinización genital tiene como principales objetivos eliminar la función reproductiva femenina, masculinizar la apariencia externa de los genitales, crear una neouretra que permita orinar de pie y formar un neofalo con suficiente rigidez para la actividad sexual. Para lograr esto, se pueden realizar diferentes procedimientos quirúrgicos, que incluyen ooforohisterectomía, cierre vaginal, vaginectomía, metaidoioplastia o faloplastia, ya sea en una sola operación o en varias etapas. Es importante destacar que no todas las cirugías son necesarias para todas las personas; cada paciente puede elegir las intervenciones que mejor se adapten a sus objetivos personales, preferencias y necesidades médicas.
Una de las opciones para crear un neofalo es la metaidoioplastia, que aprovecha el crecimiento del clítoris estimulado por el tratamiento hormonal para formar un micropene de entre 3 y 7 cm de largo y 1,5 a 2 cm de diámetro. Esta técnica conserva la sensibilidad erógena y la capacidad de erección, permitiendo además orinar de pie y evitando cicatrices visibles fuera de la zona genital. Para alargar la uretra, se utilizan colgajos de la pared anterior de la vagina, piel de los labios menores, o en algunos casos, mucosa bucal o prepucio. Los labios mayores se movilizan para crear un escroto, donde se pueden colocar implantes testiculares durante la misma cirugía o en una intervención posterior.
La experiencia internacional muestra que la metaidoioplastia es una opción preferida por quienes buscan un procedimiento menos invasivo, con menos cicatrices y preservando la función sexual. Sin embargo, el micropene resultante suele ser pequeño y generalmente no permite la penetración sexual.
La cirugía se realiza bajo anestesia general y suele durar entre 3 y 4 horas. Después de la operación, se coloca una sonda vesical durante aproximadamente tres semanas, y se recomienda seguir una dieta sin residuos durante la primera semana. La movilización del paciente está permitida a partir del segundo día. Aunque la cirugía puede realizarse en un solo tiempo, la construcción completa de la uretra suele tener mejores resultados si se realiza en dos etapas. Las complicaciones más frecuentes incluyen infecciones urinarias, hiperactividad vesical, pequeñas fistulas uretrales y estenosis, que en algunos casos pueden requerir cirugía adicional. La tasa de complicaciones urológicas reportada varía entre el 8,9 % y el 35 %.
En resumen, la metaidoioplastia es una técnica eficaz para la masculinización genital en hombres trans que desean un procedimiento menos complejo, que preserve la sensibilidad y la función sexual, y que minimice cicatrices externas. No obstante, el tamaño final del neofalo limita la penetración sexual, por lo que en algunos casos podría considerarse una faloplastia como paso siguiente.
Las guías internacionales recomiendan que esta cirugía sea realizada por cirujanos con formación específica en cirugía de afirmación de género, que trabajen dentro de un enfoque multidisciplinar y que informen claramente sobre beneficios, riesgos y cuidados posteriores.
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Esta es información general que debe adecuarse a cada paciente. Esta adecuación, así como la explicación detallada y la resolución de dudas se realizan en visitas con la Dra. García.
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