
La vaginectomía es una cirugía cuyo propósito es eliminar la cavidad vaginal, ya sea retirando su revestimiento (colpectomía), cerrando el canal parcial o totalmente (colpocleisis) o combinando ambas técnicas. En cirugía de masculinización genital, este procedimiento no es obligatorio para todas las personas, pero puede aportar beneficios importantes en determinados contextos. En particular, suele recomendarse cuando el plan quirúrgico incluye alargamiento uretral (como en algunas metoidioplastias o faloplastias), ya que eliminar la vagina reduce el riesgo de comunicación anómala entre la nueva uretra y tejidos vaginales residuales, lo que disminuye la probabilidad de fístulas urinarias. Además, para muchas personas, la vaginectomía contribuye a reducir la disforia genital y a una mayor sensación de congruencia corporal.
Desde el punto de vista técnico, la cirugía suele realizarse por vía perineal. En muchos casos, este procedimiento se realiza en el mismo acto quirúrgico que la metoidioplastia o faloplastia, aunque también puede hacerse de forma independiente si ese es el objetivo principal del paciente. La técnica concreta depende de la anatomía individual y de la experiencia del equipo quirúrgico.
Como toda cirugía, la vaginectomía tiene riesgos y posibles complicaciones. Las más frecuentes incluyen sangrado, hematomas, infección y dolor postoperatorio, generalmente manejables con tratamiento médico. De forma menos común, pueden aparecer lesiones de estructuras cercanas (como vejiga o recto), problemas de cicatrización o acumulación de secreciones si queda tejido vaginal residual. Cuando se combina con uretroplastia, existe también riesgo de complicaciones urinarias, aunque precisamente uno de los objetivos de la vaginectomía es reducirlas. A largo plazo, una vez completado el cierre vaginal, la anatomía queda de forma permanente, por lo que es importante tener claro que no será posible el acceso vaginal ni exámenes vaginales posteriores.
En resumen, la vaginectomía y el cierre vaginal son procedimientos bien descritos dentro de la cirugía de masculinización genital, con un papel funcional y psicológico claro en personas seleccionadas. No es una cirugía "de rutina" para todos, sino una herramienta que se utiliza cuando aporta beneficios concretos, y siempre debe indicarse tras una evaluación individualizada, una explicación clara de expectativas y un consentimiento plenamente informado.
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